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Memorias de un fotografo profesional Memoria primera, El Retrato Hace muchos años trabajé con un fotografo profesional y una vez, en el tiempo muerto que se tomaba entre sesión y sesión, con tiempo suficiente para un café y cigarrillo, me dijo en voz baja, como si no quisiera que se oyera: "nunca nadie te preguntará cuánto tiempo te ha llevado hacer una buena fotografía", yo no comprendí muy bien de qué me hablaba y minutos después añadió: "sin embargo, es posible que te pregunten cuánto tiempo has perdido en hacer las fotografías, si estas son mediocres". Aquel fotógrafo profesional, que tenía entonces más de 40 años de edad y llevaba 25 de profesión, tenía algunas "manías" o peculiaridades muy suyas, que siempre respetaba y hacía respetar, estuviera quien estuviera delante de su objetivo y le daba igual, que quien esperaba a ser retratado fuera una persona desconocida, el famosillo de turno o el mismísimo presidente de gobierno, él "necesitaba desacerse de su propia carga..." decía, para meterse en la piel del puro fotografo profesional, tal como él mismo se definía SOLO cuando estaba trabajando. Recuerdo que una de esas manías, era tomarse todo el tiempo que necesitara para despejarse de sus problemas y preocupaciones antes de emprender una sesión de trabajo, pero no lo hacía antes de que llegara al estudio el personaje que debía ser retratado, sino que esperaba a que llegara y entonces comenzaba su "danza" de fotógrafo aparentemente ridícula frente a ese personaje, "esto hará que el cuerpo y la cara de la persona que debo fotografiar, no se contaminen de mis problemas, ni de nada que tenga que ver conmigo..." decía. Mientras tanto, este fotografo profesional, como pocos he conocido, simulaba preparar el equipo, las luces y todo aquello que podía distraer al que esperaba, y cuando ya no le quedaban excusas de índole profesional, si el tiempo no había sido suficiente, a veces hasta se ponía a barrer el suelo, explicando a quien le esperaba, que "no le iba a hacer pisar un suelo con motitas de polvo que le podían ensuciar las suelas de sus zapatos..." Con el tiempo descubrí, que además de despejarse de sus problemas y de sí mismo, había otra intención oculta en todo aquello, mucho más importante, que consistía en poner a prueba y observar al sujeto a fotografiar y analizar las reacciones ante semejante situación de espera que, en ocasiones, llegaba a ser absurdamente surrealista y desquiciante. A este fotógrafo profesional, que me honró con su amistad, no le gustaba retratar a nadie a quien no hubiera estudiado antes, pero como tampoco quería exponer sus intenciones de análisis ante el sujeto a retratar, en evitación, evidentemente, de que el sujeto se pusiera en guardia y tenso por saberse observado, era el propio fotografo quien se hacía observar y era él mismo quien se ponía en ridículo muchas veces, con tal de que el sujeto se distrajera, se relajara, se olvidara de sí mismo y "se dejara retratar el alma y su esencia más profunda..." tal como me confesó finalmente este fotografo profesional después de varios años de amistad. Este gran y excepcional MAESTRO en el arte del RETRATO, conseguía desnudar con sus técnicas fotográficas y habilidades personales, a todo aquel que quisiera un retrato hecho por él. Los retratos que hizo a lo largo de sus últimos años, fueron de los mejores trabajos que he visto hasta ahora. Gracias por todo lo que me enseñantes querido amigo.
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