Sábado - 31.Julio.2010

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Fotografo Profesional, memorias

Memorias de un fotografo profesional:


Memoria Tercera “Hay que leer dos veces…”


Corría el año 1973, cuando me encontraba estudiando en un Colegio Mayor de la Obra de Don Bosco, la especialidad que ese Colegio ofrecía a los alumnos, era la Electrónica.


En aquel año, tuvimos una nueva asignatura que no habíamos visto en años anteriores, que causaba la sorna y la risa a casi todos los que habíamos decidido estudiar una carrera técnica, ya que La Literatura nos parecía muy distante de lo que nosotros queríamos aprender. Recuerdo que comentamos entre los compañeros de aquel curso, nada más comenzar el año, el poco sentido que tenía una asignatura como esa, que sólo nos haría perder el tiempo en temas que nada tenían que ver con la técnica electrónica, ni con la física, ni con la química o las matemáticas.


Sin embargo, a pesar de aquella mala predisposición hacia aquella asignatura y, por extensión, hacia aquel profesor, pudimos comprobar a lo largo de ese año, el sentido de todo aquello.
Más allá de conclusiones obvias, ese refinado y culto profesor nos enseñó a interpretar lo que leíamos, nos enseñó a leer y desgranar lo que leíamos para encontrar, en el texto que cada autor había escrito, lo que muchas veces escapaba a la lectura ligera.


No falto de oposición por nuestra parte, ese profesor tuvo que hacer uso de una extrema paciencia con nosotros,  “jóvenes soberbios y sabelotodo” que creíamos estar por encima de esas “memeces y mariconadas que ese hombre nos quería meter en la cabeza”.


Sea como fuere, a mediados de aquel curso tuvimos que transigir y rendirnos ante la evidencia, ya que, aún siendo unos jóvenes inexpertos y soberbios, tuvimos el privilegio de dar con aquel profesor, que además de ser un magnífico especialista en literatura, lo era también en el arte de enseñar, de conducir y de echar luz dentro de las mentes de tecnócratas vanidosos como lo fuimos nosotros hasta ese año.


Recuerdo que comenzamos el curso con la lectura de dos libros, El Principito y Juan Salvador Gaviota.
Será fácil para usted imaginar las risas que estos dos títulos provocaban en chavales de 16 años, futuros ingenieros en electrónica que sólo pensaban en los circuitos de los amplificadores, en la física del silicio y el germanio, en los transistores y los circuitos digitales, que ya se estaban convirtiendo en la revolución del futuro al alcance de nuestras manos…


A pesar de tanta ignorancia de juventud, comenzamos a comprender lo que aquel profesor de literatura nos quería transmitir, no sin mucho esfuerzo y paciencia por su parte; recuerdo que él insistía una y otra vez en un concepto que para nosotros era desconocido hasta entonces, siempre nos decía: "hay que leer dos veces… como mínimo dos veces cada párrafo… de lo contrario no seréis capaces de ver y rescatar la esencia que encierra cualquier obra".


Pocos años después, mientras asistía en silencio al trabajo de un jurado que estaba calificando las fotografías de un concurso, observé lo que hacían todos los jueces, que era pasar tres o cuatro veces frente a cada fotografía presentada a concurso. Al finalizar estos su trabajo y darse el veredicto de aquel concurso, me dirigí a uno de los jueces y le pregunté por qué pasaban varias veces frente a todas y cada una de las fotos, ¿acaso no sabían ellos lo suficiente como para identificar en la composición, el equilibrio y demás aspectos de las fotos, las que verdaderamente merecían ser elegidas…?


La respuesta que aquel juez que me dio, me dejó atónito, no tanto por la obviedad, sino porque las palabras que utilizó, de repente me golpearon otra vez en mi dura y térca cabeza: “hay que mirar dos veces… como mínimo dos veces… antes de comprender lo que nos dice una foto… de lo contrario nos podemos perder el sentido y la esencia  de esa foto… hay fotos que inicialmente tienen mal encuadre y su composición es terrible, el equilibrio nefasto y además, ni siquiera alcanza un mínimo de calidad como para merecer una mención, sin embargo, en algunas de estas ocasiones, muchas de esas fotos tienen oculto en sí misma una fuerza y un mensaje, que merece la pena rescatar, pero para ello hay que mirar dos veces… como mínimo dos veces… ”


Han pasado ya muchos más años, y sin embargo sigo comprobando constantemente que la máxima “Hay que leer dos veces…” se sigue cumpliendo. Cuando salgo a hacer fotos por puro placer, vuelvo al estudio con varios cientos de fotogramas. Normalmente siento una impostergable necesidad de abrirlos para ver qué he traído, y casi siempre la mayoría son descartados después de un primer vistazo inicial. Sin embargo, no son pocas las ocasiones que vuelvo a revisar los descartados, y me topo con buenas fotografías que están ocultas detrás de un fotograma que no había pasado el filtro de la criba inicial.


Es por esto que siempre tengo presente todo lo que le debo a aquel refinado y culto profesor de Literatura de 4º año, que los Salesianos de la Obra de Don Bosco pusieron ante nosotros, unos chavales que creíamos saberlo todo, pero a los que nos tuvieron que enseñar de nuevo hasta lo más básico, como por ejemplo que “hay que leer dos veces…” o lo que es lo mismo… “hay que mirar dos veces…”

Aunque ya no recuerdo su nombre, muchas gracias profesor...

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