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Seis meses han pasado desde que he venido a vivir a mi preciosa Galicia, seis meses que parecen seis años, ya que Galicia es mucho... Tierra de mis ancestros, verde y fresca, pura y tenáz, vieja tierra de montes, ríos y mares. El despertar en ella es nuevo cada día, a veces huele a mar, otras a tierra mojada, otras a caldo galego, pero siempre huele bien. Las mañanas prometen sensaciones distintas cada vez y las tardes, largas en verano, son como la flor que no queremos dejar de ver. Las noches de verano son como el arrullo de un invierno fresco, dias de invierno con la cálida y pura brisa marina. Días todos que nos encierran en un enjambre de agridulces sabores, como si no bastaran los de siempre... Mil y un sentimientos guardados en el corazón, como si de una eterna primavera se tratara, que estalla cada vez recordándote... oh mujer... o Galiza... en tus generosas y prietas caderas. Entre tus muslos hallé mi bendición, y entre tus muslos sentí el sosiego del guerrero, que se toma un descanso de mil batallas perdidas, pensando en otras mil que le quedan por ganar... contigo. Pero tu alma es, oh Galicia, el alma de la mujer que ya tuve pero que aún espero, luminosamente desmedida y con arraigos en pasados ya prohibidos. No me dejarás irme sin antes probarte... verdad...? No me dejarás incumplido ese sueño...? Porque mira Galiza... que cuando a tu tierra entregue mi cuerpo, quisiera ver cumplido mi deseo. Generosa y mezquina a la vez, ambiciosamente terca y perenne cual lucero. No puedo más si tu no puedes, pero que sepas que si tú no puedes... yo si puedo...!!!
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