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Fotógrafo William Henry Fox Talbot

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Fotógrafo William Henry Talbot:

EN LOS ORIGENES DE LA FOTOGRAFÍA

William Henry Fox Talbot, miembro de la no­bleza terrateniente inglesa (heredó Lacock Abbey, en Wiltshire, donde se estableció en 1827 a la edad de 27 años), era un hombre de ciencia dotado de una notable capacidad analítica.

Se licenció en el Trinity College de Cambridge en 1821 con la calificación de duodécimo, wrangler y fue elegido miembro de la Royal Astronomical Society en 1822; invitado a ingresar en el Athenaeum Club en 1824, sería elegido miembro de la Linnean Society en 1829. Asimismo, en 1831 fue elegido miembro de la Royal Society, en la cual ingresó al año siguiente y de cuyo Consejo formó parte desde 1836. En 1833, The Pbilosophical Magazine publicaba cuatro de sus escritos: "Remarks on Chemical Changes in Colour" (Notas sobre los cambios químicos de los colores), "Remarks upon an Optical Phenomenon, seen in Switzerland" (Notas sobre un fenómeno óptico observado en Suiza), "On a Method of obtaining Homogeneous Light of Great Intensity" (Método para obtener una luz homogénea de gran intensidad) y "Proposed Philosophical Experiments" (Propuesta de experimentos filosóficos), que se ocupa de la velocidad de la corriente eléctrica y un sistema para localizar el punto de mayor profundidad del océano:

Su informe titulado "Researches in the Integral Calculus" (Investigaciones sobre cálculo integral) apareció en Philosophical Transactions en dos entregas (1836-37). En 1837 la Royal Society le concedió el Bakerian Prize por sus dos escritos sobre los fenómenos ópticos de los cristales, y en 1838 la medalla de oro por su labor de inves­tigación en el ámbito del cálculo integral. En los años cincuenta del siglo pasado Talbot comenzó a interesarse por el desciframiento de la escritura asiria cuneiforme y adquirió notoriedad como estudioso de dicho idioma; fue vicepresidente de la Royal Society of Literature y de la Royal Asiatic Society.

Aparte de sus escritos sobre fotografía, Henry Talbot publicó en el transcurso de su vida unos cincuenta trabajos sobre temas científicos y matemáticos, y más de setenta traducciones del asirio. Con todo, hoy se le recuerda principalmente como inventor de la fotografía, a la que debe su celebridad.

Pese a sus grandes cualidades, Talbot fracasó precisamente allí donde deseaba triun­far: como dibujante era deficiente y no poseía siquiera la habilidad manual necesaria para dibujar o pintar de modo aceptable. Sin embargo, puso gran empeño en conseguir buenas "representaciones" de vistas y paisajes. Durante su viaje por Italia, en el verano y otoño de 1833, llevaba consigo una cámara oscura, un pequeño instrumento óptico consistente en una caja alargada dotada de una lente y de un espejo en ángulo de 45 grados, que desviaba los rayos luminosos hacia arriba y los dirigía a un vidrio esmerilado, en donde aparecía la imagen enfocada; se basaba en el mismo principio de las cámaras réflex actuales, aunque no empleaba película. Sus contemporáneos que· daban fascinados al contemplar los paisajes a través de aquel pequeño instrumento. Talbot intentó captar de forma permanente las efímeras imágenes de la cámara oscura. Para ello las bosquejaba con un lápiz, experiencia sobre la que dejó escritas las consideraciones siguientes:

"Ello me impulsa a reflexionar sobre la inimitable belleza de las imágenes creadas I por la naturaleza, que la lente de vidrio del aparato proyecta sobre el papel situado en su plano focal: imágenes mágicas, creaciones de un momento destinadas a desvanecerse con la misma fugacidad. Fue en el curso de estas reflexiones cuando una ideal acudió a mi mente ... ¡Cuán fascinante sería conseguir que esas imágenes naturales quedaran impresas y fijas de forma duradera sobre el papel! ¿Por qué no habría de ser posible?, me pregunté. La imagen, despojada de los significados que la acompañan y considerada en su naturaleza última no es sino una serie de luces más o menos intensas sobre una zona determinada del papel y de sombras más o menos pronuncia­das en el resto del mismo .

Con todo, en determinadas condiciones la luz ejerce una acción suficiente para pro­ducir cambios en la materia. Supongamos que es capaz de ejercerla también sobre el papel y que éste puede sufrir transformaciones a causa de esa acción. En tal caso pro­bablemente existirá un nexo entre los efectos y la causa que los produce, de modo que la variada escena de luces y sombras podría dejar con más o menos intensidad su imagen, su impresión, sobre las diversas zonas del papel según la fuerza o debilidad de la luz que incida sobre ellas. Esta es la idea que me vino a la cabeza. No sé si había asomado ya antes a mi mente, en el fluctuar de visiones filosóficas, aunque así lo creo; en cualquier caso, en aquella ocasión me impresionó de forma verdaderamente pro­funda. Por aquel entonces vagaba por la Italia de los clásicos y, como es natural, no me encontraba en condiciones de emprender una investigación de tal envergadura; sin embargo, por temor a que la idea escapase de mi mente antes de mi regreso a Inglaterra, la anoté minuciosamente e incluso describí aquellos experimentos que, en mi opinión, ofrecerían mayores probabilidades de llevarla a la práctica."

Los experimentos que Talbot realizó en su residencia de Lacock Abbey en 1834 y 1835 fueron las primeras tentativas de convertir en realidad aquella idea que tomó forma en Italia. Alternaba esas experiencias con su labor de investigación en otros ám­bitos cuando llegó a su conocimiento otra invención que consideró amenazadora para sus propias investigaciones sobre la fotografía. Se trataba del procedimiento co­nocido como daguerrotipia (derivado del nombre del francés Louis Daguerre, quien lo ideó y lo llevó a la práctica), cuya invención anunció ante la Academia Francesa el ilustre científico François Arago el día 7 de enero de 1839. Sin embargo, los dos in­ventores habían empleado métodos muy distintos para alcanzar el mismo resultado: dibujar por medio de la luz del Sol. Ambos usaron el mismo instrumento, la cámara, una modificación de la cámara oscura; en los dos procedimientos la luz solar produ­cía la imagen al actuar sobre un material fotosensible y, una vez formada, debía fijarse y lavarse.

Pero aparte de estas importantes analogías existían ciertas diferencias fundamentales entre ambos sistemas.

Las imágenes de Daguerre se formaban sobre placas de cobre con una película de yo­duro de plata y brillaban como un espejo; eran muy delicadas y ricas en detalles y sólo si se sostenían inclinadas resultaban visibles en forma de imágenes positivas. Los dibujos fotogénicos de Talbot (y los calotipos) eran imágenes negativas (esto es, pre­sentaban una inversión de los tonos claros y oscuros), de tal forma que para restaurar los tonos que el ojo humano percibe en el motivo real, era preciso realizar una copia a partir del negativo; este procedimiento permitía obtener cuantas copias se desearan. Por lo demás, las imágenes no presentaban la riqueza de detalles de los daguerroti­pos, debido a la fibra del papel que constituía su soporte.

El 31 de enero de 1839 William Henry Fox Talbot presentó ante la Royal Society un informe titulado "Some Accounts of the Art Photogenic Drawing" (Notas sobre el arte del dibujo fotogénico), acompañándose del procedimiento que permite "dibujar los objetos con su forma real sin ayuda del lápiz". Se creyó obligado a publicar ese escri­to antes de haber llegado al término de sus investigaciones: en realidad no había re­suelto todavía el problema que representaba lo prolongado de la exposición (de una a cuatro horas a la luz solar) ni había descubierto aún un método de fijación capaz de evitar que la imagen se deteriorase cuando no estaba en condiciones de oscuridad o semioscuridad.

Muchos de los dibujos fotogénicos de Talbot se obtuvieron sin ayuda de la cámara: colocaba sencillamente objetos planos, como labores de encaje u hojas, en contacto con el papel fotosensible, y de ese modo conseguía reproducciones de los mismos a tamaño real. El papel quedaba blanco en aquellos puntos en los que la estructura del objeto impedía el paso de la luz, y en los intersticios presentaba matices marrones de mayor o menor intensidad, según el grado de penetración de la luz. Eran imágenes de gran sencillez y notable hermosura, y producían una fascinación especial. Talbot las mostraba a sus amigos incluso en forma negativa, es decir, en forma de siluetas blancas delineadas por la luz sobre un fondo oscuro; en ocasiones confeccionaba co­pias a partir de los negativos, y de ese modo obtenía la inversión de los tonos.

Al desarrollar la idea que acudió a su mente mientras usaba la cámara oscura a orillas del lago de Como, Talbot se sirvió también, para obtener sus dibujos fotogénicos, de cámaras muy sencillas (en realidad se reducían a una simple caja) con papel impreg­nado de sales de plata sensibles a la luz. Esas cámaras (que su esposa llamaba "ratone­ras") las construía en Lacock Abbey, y de los negativos obtenía copias por contacto. "En el verano de 1835 realicé numerosas reproducciones de mi casa de campo", refi­rió Talbot ante la Royal Society en 1839.

Talbot ·prosiguió sus experimentos mientras aportaba mejoras progresivas a su proce­dimiento. En 1840, con el descubrimiento de la imagen latente (un nuevo e importan­te paso hacia adelante) consiguió reducir de manera considerable el tiempo de expo­sición necesario (entre treinta segundos y unos minutos, según las condiciones de luz, el momento del día, la estación del año y la posición), al introducir en la produc­ción del negativo el paso conocido como "revelado".

Aunque las copias se obtenían por el viejo sistema, gracias al uso del llamado hiposul­fito de sosa (en realidad tiosulfato sódico) como sustancia fijadora, las imágenes (ne­gativas y positivas) se conservaban mucho mejor y podían guardarse sin problemas de exposición a la luz diurna. Talbot bautizó este importante procedimiento con el nom­bre de calotipia, aun cuando muchos de sus amigos prefe­rían llamado «talbotipia» en honor a su inventor.

La mayor parte de quienes contribuyeron a la invención y al perfeccionamiento de la fotografía apenas estaban interesados en profundizar en sus posibilidades creativas; fueron principalmente investigadores y sólo de forma accesoria fotógrafos. Henry Tal­bot, en cambio, poseía cierta inspiración como fotógrafo y experimentó con numero­sos motivos, hasta el punto de llegar a comprender las limitaciones y posibilidades del procedimiento de su invención. La curiosidad que suscitaba el sistema fotográfico de Talbot y la admiración por las "representaciones" que conseguía eran de tal magni­tud que sus amigos y conocidos le pedían sin cesar el favor de contempladas. Su ma­dre, lady Elizabeth Feilding, le incitó sin descanso a continuar su trabajo y a convertir su invento en un aparato práctico para aprovechado al máximo. El 15 de marzo de 1840 le escribía:

"En casa de lord Northampton vi, al día siguiente de la reunión de los estudiosos, doce de tus imágenes; pero sólo seis eran como te indiqué."

El 7 de junio le decía de nuevo:

"Debes enviarme nuevas imágenes. Esta misma mañana estuvo aquí Mr. Rogers y se ha llevado una de mis preferidas, El mirador este de Lacock Abbey."

Pocos meses antes, el 2 de febrero de 1840, Henry Talbot le escribió a su esposa Constance, que le ayudaba y colaboraba en su trabajo:

"La otra tarde, en casa de Mr. Babbage, mis imágenes causaron sensación. Estaban allí sir David Wilkie y sir Francis Chantry, quienes quedaron admirados. Mr. Wheatstone quiere presentadas en la próxima reunión de la Graphic Society."

El 12 de julio de 1842 lady Feilding escribía a su hijo desde Melbury: “Tanto insistió Mary que hube de darle algunos de mis calotipos: mi retrato con el vestido cruzado, Soliloquio de una escoba, Porter junto a un pajar, e incluso la fa­chada de Carden y la vista del patio norte tomada desde mi ventana, con los dos gran­des olmos. Quería dárselas a Mr. Liewellyn, quien se halla muy interesado y desea aprender ... "

Como muestra de la competencia que se le atribuía, parientes, amigos e incluso extra­ños le enviaban sus copias para las juzgara y diera su aprobación. Talbot guardaba to­dos los calotipos que recibía; muchos de ellos, sin el nombre del autor, acabaron por mezclarse con los suyos propios, lo cual ha generado una cierta confusión y, por lo que respecta a algunas imágenes, cierta incertidumbre sobre su autoría, como señalan estudiosos de las obras de contemporáneos de Talbot como el reverendo Calvert Jo­nes, J.D. Liewellyn y Robert Bridges. Por otra parte, un examen minucioso de la co­rrespondencia de Talbot revela que solía trabajar junto con sus amigos. De cualquier modo, se cree que el margen de error en la atribución de las distintas obras es relati­vamente reducido, gracias a la inestimable ayuda que suponen las meticulosas anota­ciones del propio Talbot y su voluminosa correspondencia.

Así, de la colaboración entre Talbot y sus amigos fotógrafos se tiene noticia, gracias a esta carta escrita por el inventor a su madre desde York el 28 de julio de 1845:

"Ha llegado Mr. Calvert Jones para unir sus esfuerzos fotográficos a los míos." Al día siguiente Talbot escribía a su esposa Constance:

"Tomamos doce vistas de York y la mayor parte resultaron muy logradas. Eran mu­chos los curiosos que nos rodeaban, admirados, a nosotros y a la cámara, y nos se­guían por doquier."

Esto significa que ambos fotógrafos utilizaban la misma cámara y que se ayudaban mutuamente en las tomas, si bien se desconocen sus respectivos papeles. Las imáge­nes resultantes deberían atribuirse por igual a Talbot y a CalvertJones. Otro problema de autoría lo constituye el papel desempeñado por Nicolaas Henneman en la realiza­ción de los calotipos, con independencia de su labor de copiado y de la asistencia téc­nica que prestaba a Talbot. Es evidente que ese papel pudo cambiar con el paso del tiempo. Por otra parte, Henneman realizó dibujos fotogénicos propios y Talbot super­visó el trabajo de su asistente, como lo confirma esta carta, enviada por Talbot desde Londres a su esposa Constance, en Lacock Abbey, el 13 de junio de 1841:

"Remíteme, por favor, dos o tres copias de las imágenes que acompañan a esta carta. Si el fijador se ha agotado envíamelas envueltas en papel y realizaré el fijado aquí mis­mo. Dile a Nicole que no deseo que haga más hojas ni ramas. Quisiera que le trans­mitieras las siguientes indicaciones críticas sobre su trabajo. Aplasta demasiado las ho­jas y el líquido que rezuma de ellas estropea las imágenes. Las copias que confecciona a partir de mis originales no son ni siquiera la mitad de contrastadas de lo que debe­rían: sería preferible que lo fueran en exceso, ya que entonces podría debilitarlas; las que me ha enviado, en cambio, son inservibles por estar atenuadas en demasía. Me temo que no merezca la pena conservar al ayudante con nosotros y creo que resultará difícil encontrar trabajo suficiente para él durante mi ausencia."

Otras instrucciones interesantes figuran en la carta que envió dos días más tarde; en ella Talbot utiliza los verbos "despuntar" y "podar", propios de la jardinería, en lugar de "cortar", término que emplearía un fotógrafo de hoy. El 15 de junio de 1841 escri­be de nuevo, también desde Londres y a su esposa Constance, quien a la sazón se en­contraba en Lacock Abbey:

"Te envío siete retratos para su reproducción; quiero una sola copia de buena calidad de cada uno de ellos, pero quisiera que Nicole los alargue, los despunte y les pode los márgenes antes de reproducirlos. Algunos de esos retratos son muy densos y quisiera que los tratase con cera; ya sabe cómo hacerla. Dile que venga a la ciudad ... y que traiga dos docenas de hojas de papel yodado que Porter ha preparado."

Porter era un criado de Talbot que empleaba parte de su tiempo en ayudar a preparar papeles para negativos y copias. Se trataba de un joven bien parecido, por lo que apa­rece en numerosas imágenes de Talbot. A juzgar por la correspondencia entre marido y mujer, Porter era perezoso y poco útil como ayudante. Constance le escribía a Hen­ry el 7 de julio de 1841:

"Ya le encargué a Porter que realizara las copias; como el tiempo es inestable prefiero no confiarle la preparación del papel; en general no lo confecciona muy duradero." Nicolaas Henneman acompañaba a Talbot como ayudante en muchos de sus viajes y sin duda le sustituía en ocasiones como fotógrafo.

Hacia 1844 el papel y la responsabilidad de Henneman habían aumentado de forma considerable. Para la confección de las copias incluidas como láminas en 1be Pencil of Nature, la obra maestra de Talbot en fotografía, se instaló en Reading, 8 Russell Ter­race, con varios ayudantes y el equipo necesario. Se ha comprobado que Talbot acu­día allí todos los meses para supervisar la marcha del trabajo. Por otra parte, pagaba a Henneman por la producción "en serie" de las copias (seis libras esterlinas y tres che­lines por 410 copias), de modo que no está claro a quién pertenecía la empresa.

Sin embargo, el siguiente extracto de una carta escrita por lady Feilding a Henry Tal­bot el 15 de septiembre de 1844 aclara que este último actuaba como patrón con res­pecto a Henneman, al mismo tiempo que revela, como de costumbre, el interés de la madre por el triunfo de su hijo:

"No cabe duda de que si fueses un artista en lugar de un aficionado, tu arte llegaría pronto a la cima de la perfección. Espero que hagas lo necesario para que Nicole pase un mesecito chez Claudet, a tu regreso de Bélgica. En su propio interés, Claudet con­tribuirá a tu afirmación a través de su triunfo."

Claudet era un artista consumado, célebre ya como daguerrotipista, y en su calidad de amigo de Talbot aprendía también la práctica de la calotipia. El propio Talbot acudía a su estudio para trabajar, como afirma en una carta a lady Feilding en abril de 1845:

"Hoy, en el estudio de Claudet, realicé una imagen de un muchacho con esclavina y un papagayo gris. Resultará un tableau flamand muy hermoso."

En comparación con el de Talbot, el trabajo de Henneman es más preciso y rico en detalles. El ayudante aprovechó bien, sin duda, las enseñanzas del maestro, y en espe­cial en lo referente a la técnica de la iluminación; por otra parte, cuando comenzó a practicar la fotografía por su cuenta el procedimiento había sido ya perfeccionado de forma considerable por Talbot y otros precursores de la fotografía. Sin embargo, las fotografías de Talbot .son estéticamente más conseguidas que las de Henneman, por su composición artística y el control que denotan desde el punto de vista formal. Hen­neman debió reunir una suma suficiente para dedicarse a la fotografía por su cuenta, si bien es muy probable que en esa empresa recibiera una sustanciosa ayuda económica del propio Talbot. En mayo de 1847 Henneman abrió en Regent Street, Londres, la "Sun Picture Rooms", en asociación con otro fotógrafo llamado Malone. La reina Victoria, a petición de su dama de honor Caroline, nombró a Henneman primer fotó­grafo de Su Majestad, lo cual proporcionó gran satisfacción a Talbot por el prestigio que de ello se derivaba para la empresa recién creada.

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