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Fotógrafo Werner Bischof

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Fotógrafo Werner Bischof:

UN FOTÓGRAFO COMPROMETIDO

La obra de Werner Bischof ha alcanzado sin duda los más altos niveles de calidad, tanto por la perfección formal como por el compromiso social de sus imágenes; su trabajo es, además, uno de los máximos exponentes de la problemática y la evolución de la fotografía moderna. Su maestría y amplitud temática resultan aún más asombrosas e impresionantes si se piensa que Bischof murió joven. Tenía sólo treinta y ocho años cuando perdió la vida, en 1954, en un accidente en los Andes, donde estaba realizando un reportaje.

Durante los dieciocho años de su actividad fotográfica, Bischof ha utilizado su cámara de modos muy diversos, aunque siempre con el mismo sentido de responsabilidad y con idéntica destreza. En algunas de sus imágenes estudia y analiza aspectos como el nivel de intensidad luminosa o la estructura superficial, auténticos retos del arte fotográfico. Por otra parte, fotografías como el El niño húngaro llorando o el Flautista solitario en las cercanías de Cuzco, entre otras muchas, han conquistado un puesto seguro en las antologías de la fotografía moderna. De entre sus innumerables reportajes, basta con citar el que realizó en la India, en 1951, sobre el tema del hambre: su publicación en Life dio origen a un movimiento espontáneo de ayuda en los Estados Unidos. Otros reportajes igualmente representativos de su gran calidad fotográfica son el que realizó en Avenches sobre la cría de caballos (1945, Y Gentes de Extremo Oriente (1953). A Bischof se de he también un clásico de los volúmenes fotográficos contemporáneos: Japón. Aunque se publicó póstumamente, el autor dejó resuelto todos los aspectos técnicos para la realización del libro antes de morir.

Al principio, Bischof quería ser pintor, pero su vocación chocó con los reparos de su familia. Éstos pensaron que debía dedicarse a la enseñanza del dibujo y de la educación física, y Bischof se matriculó en el seminario para maestros de Schiers. Al cabo de un año, insatisfecho, se trasladó a la Escuela de artes y oficios de Zurich, donde asistió al curso especial de fotografía, de muy reciente creación. Para los fotógrafo~ suizos, este curso representó la primera oportunidad de conseguir un perfeccionamiento académico concebido como formación artística, mucho más completo del que se podía aprender en el estudio de un profesional. Bischof, su primer diplomado fue también el alumno más brillante.

Hans Finsler (1891-1972), director de este curso especializado, era, además de un artista extraordinario, un pedagogo que propugnaba un nuevo lenguaje óptico de la cámara fotográfica. Anteriormente; Finsler había sido profesor de fotografía en Halle. Su estancia en Alemania había significado para él un encuentro decisivo con el movimiento de la Nueva Objetividad, vanguardia artística y cultural del momento. En el campo de la fotografía, su lema era. "He aquí el nuevo fotógrafo". El artista debía atenerse a sus medios expresivos específicos, claramente encaminados a reproducir las cosas, los objetos, en su inconfundible materialidad y en sus aspectos externos. Finsler se encontraba en Suiza durante los inicios de lo que luego iba a ser la moderna consciencia fotográfica. Exposiciones como la famosa "Film y foto" de Stuttgart tuvieron lugar también en Zurich en 1929, divulgando este nuevo tipo de expresión visual entre un público más amplio. El conflicto entre la fotografía pictórica y la re producción fotográfica moderna se produjo en Suiza con cierto retraso. Sin embargo el vínculo entre concepción gráfica y habilidad técnica no entraba en contradicción con la mentalidad suiza, que ama las soluciones claras y la perfección. La nueva estética encontró especial aplicación en los campos de la publicidad y de la moda.

La Nueva Objetividad redescubrió la realidad, pero era una realidad incompleta, limitada sólo a algunos aspectos. El eufórico lema de "el mundo es bello" valía para e mundo de los objetos, pero difícilmente se adaptaba a la realidad social; la representación gráfica aparecía inevitablemente como una abstracción. No hay duda de que la nueva fotografía constituía la expresión del triunfo de la sociedad industrial, pero se quedaba sólo en las imágenes objetivas, dejando a un lado otros aspectos de la realidad. La "nueva perspectiva" ignoraba las condiciones humanas de esa civilización tecnológica a cuya fama estaba contribuyendo. Paralelamente a la Nueva Objetividad se desarrolló en Alemania otra corriente fotográfica. Fueron naciendo las primeras revistas ilustradas que utilizaban la fotografía no como simple complemento del texto, sino como elemento autónomo de información, adoptando la nueva técnica del reportaje. Gracias a Arnold Kübler (nacido en 1890) el periodismo gráfico se implantó también en Suiza, lo que influiría notablemente en la evolución de Bischof. Cuando Kübler, escritor y hombre de teatro, volvió en 1929 a Suiza, se hizo cargo de la redacción de Zürcher Illustriete. Muy pronto este semanario se convirtió en el medio de expresión de la primera generación de periodistas gráficos suizos, como Walter Bosshard (1892-1975)), Hans Staub (nacido en 1894) o Paul Senn (1901-1953). En 1939, Zürcher Illustriete dejó de publicarse. Tomó su puesto la revista Du, dirigida también por Kübler. La periodicidad mensual obligó a Du a adoptar un planteamiento distinto en los re~ portajes, pero manteniendo siempre un lugar privilegiado para la fotografía, ya se tratase de ilustraciones aisladas, recopilaciones, ensayos o números especiales (lo que ocurría en el caso de Bischof).

En enero de 1942, Bischof publicó sus primeras imágenes en Du. Un mes después su nombre figuraba ya en la lista de los "colaboradores fotográficos fijos". Comenzó con imágenes de la vida real y del mundo de la moda, que eran las que mejor respondían por entonces a su formación y experiencia; también presentó algunos paisajes y fotos de animales. En 194') apareció su reportaje Prófugos, sobre los italianos refugiados en Suiza, con el que Bischof tuvo ocasión de ofrecer una nueva imagen de sí mismo. Fuer Kübler quien dio a Bischof la oportunidad de hacer un nuevo tipo de fotografía. Los acontecimientos bélicos y el peligro del fascismo introdujeron una conciencia política en el joven Bischof: descubrió que la cámara fotográfica podía utilizarse como medio de denuncia. El instrumento adquiría así su propia humanidad. Al reportaje de 194') sobre los refugiados en Suiza siguieron algunos viajes por la Alemania y la Ho~ landa de la posguerra. Por encargo de "Schweizer Spende", una organización de socorro suiza, Bischof realizó también algunos reportajes en Italia y en Grecia. En 1947 hizo un nuevo viaje por Austria, Hungría, Rumania y Polonia. De esta forma, pudo conocer la Europa destruida por la guerra. Los temas ya no llevaban títulos como Haz de luz y, menos aún, Intersección de dos grupos de ondas de mercurio.

En 1945 Bischof publicó una recopilación de veinticuatro fotografías, comentadas por el crítico de arte Manuel Gasser, que había sido un atento observador de la escena suiza. El núcleo central estaba formado por fotografías de caracoles, montajes, ilustraciones de modas, animales y paisajes, pero la recopilación se abría, de forma significativa, con una Abstracción y se cerraba con un Hijo de prófugos; era el adiós a una primera etapa vital y creativa y, al mismo tiempo, un programa para el futuro. La tensión del conflicto representados en las fotografías de este álbum, fueron descritos cinco años más tarde por Bischof, tras una estancia en Edimburgo, con las siguientes palabras: " ...mucho ha cambiado para mí, pensaba ayer mientras visitaba una antigua y bellísima capilla. Es encantadora, pero ya no soy capaz de estar aquí luchando horas y horas con lámparas y trípodes por estas cosas 'muertas'. Estoy mucho más a gusto junto a la estación, observando el movimiento, el ir y venir...". Cuando Bischof escribía estas líneas, vivía en Inglaterra y acababa de casarse. Su mujer, Rosellina, le acompaña~ ría en muchos viajes y estancias en el extranjero. Con él fue también a México, antes de que partiera para Sudamérica, de donde nunca volvió. Rosellina Bischof asumió la dolorosa tarea de administrar la herencia; poco después publicaría el libro fotográfico Unterwegs, que alcanzó un éxito importante.

Fue en Inglaterra donde Bischof se estableció por primera vez de forma fija. Allí fue contratado como colaborador por el Picture Post y el Observer, Fue el primer fotógrafo suizo que logró introducirse en el mundo del periodismo internacional. En este campo su primer trabajo fue el reportaje encargado por Life sobre las Olimpiadas de invierno de SI. Moritz en 1948. Más tarde colaboró en revistas internacionales publicando, sucesivamente, en Paris-Match y Época, y en Life y Fortne.

La opción antielitista de Bischof v su tendencia hacia unas perspectivas humanas más amplias quedaron confirmadas por el hecho de ser uno de los primeros en adherirse al grupo fotográfico Magnum, fundado en París en 1947 por Robert Capa, David Seymour, George Rodger y Henri Cartier-Bresson. La Magnum era una agencia que intentaba romper con los moldes tradicionales, dando a sus miembros una libertad plena a la hora de archivar y publicar; la cohesión del grupo venía determinada no sólo por el interés profesional, sino, sobre todo, por unas convicciones comunes. No es casual que el título del primer gran trabajo colectivo de los fotógrafos de la Magnum fuera People are people (La gente es gente): era una temática que encajaba perfectamente en Bischof, cuyas concepciones artísticas se habían transformado profundamente. Varios de los miembros de la Magnum murieron en el ejercicio de su profesión: Bischof en los Andes, Capa en Indochina, Seymour durante la crisis de Suez, La agencia quiso honrarlos con una exposición conmemorativa que se tituló '''The concerned Photographer" (El fotógrafo comprometido), título que constituía todo un reconocimiento. Bischof se convirtió, pues, en un fotógrafo comprometido; sin embargo, la renuncia a fotografiar objetos no significó el olvido de sus orígenes: los objetos se llamaban ahora Muros de un templo incaico o placas de pizarra en un jardín japonés, pero ya no eran más que partes concretas dentro de conjuntos temáticos más amplios. Lo que permaneció inmutable fue el óptimo nivel de su técnica fotográfica: una calidad indiscutible que trascendía el mero dominio del oficio.

En este sentido, fue significativa su estancia en Extremo Oriente en 19'51-19'52. Bischof y su mujer se fueron a vivir durante un año a Japón. Este país significó para él una "revelación fotográfica": paisajes y arquitectura, hombres y costumbres de vida se presentaban ante la cámara fotográfica como un conjunto perfectamente homogéneo, una realidad de rasgos bien definidos que encontró en Bischof un intérprete extraordinario.

Desde Japón, Bischof visitó Corea e Indochina, donde proseguían las destrucciones y horrores que se pensaba habían acabado con la Segunda Guerra Mundial. Era una realidad que nada tenía que ser con las ceremonias del té en Japón. Allí se tomaron las imágenes de los prisioneros de guerra, las de la gente que vivía en las calles de Hong Kong, o la de la tumba de un soldado francés en Indochina,

La capacidad del fotógrafo encontraba su máxima confirmación en la composición de las imágenes, que no sólo era resultado de la pericia técnica, sino que respondía a una actitud espiritual y a un sentimiento humanitario, Por muy enloquecido y desesperado que el mundo apareciese, podía encontrarse un sentido más auténtico en la imagen, en la convicción de poder cambiar e incluso determinar la realidad. La obra de Bischof expresaba esta esperanza, muy característica de los años cincuenta, en la que cada vez ha sido más difícil creer.

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