Sábado - 31.Julio.2010

Turismo
Publicidad
Industriales
Agropecuaria, agricultura y ganadería
Fotos de naturaleza
Reportajes
Comuniones
Bautizos
Arquitectura
Retratos
blanco y negro
Artística
Fotos Antiguas
Retratos
Turismo
Publicidad
Moda
Obras Arte
Desnudos
Naturaleza
Book
Prensa
Deportes
Freelance
Eventos
Bodas
Comuniones
Bautizos
Reportajes
Arquitectura
Interiores
Industriales
Fotógrafo Profesional, Memorias
Grandes Maestros
Digitales
Concursos de Fotografía
Tiendas Fotografía
Asociaciones de Fotógrafos Profesionales de España
Fotos Amigos




Fotógrafo Herni Cartier Bresson - Grandes Maestros

recomendar  contenido a un amigo

cartier_bresson.jpg

Fotógrafo Herni Cartier Bresson:

Cuando me encuentro frente a Henri Cartier Bresson vuelvo con la memoria a los míticos años treinta en los que pude asistir, du­rante nuestros viajes por Europa y nuestros paseos por las calles de París, al nacimien­to del fotógrafo más importante de los tiempos modernos que, dedicado a la pintura por aquel entonces, se abandonaba a un espontáneo impulso, a una especie de juego, de la misma forma en que otros se abandonaban a la poesía. Nunca pensó que esta actividad, a la sazón puramente lúdica, pudiese transformarse en una profesión que le proporcionara grandes beneficios: ambos éramos dos pequeño-burgueses apenas sali­dos de la adolescencia y alejados a duras penas de las férreas leyes de la "buena socie­dad". La palabra carrera, o incluso la palabra trabajo, nos producía náuseas. Nuestras familias comenzaban a contemplar con aprensión aquella resistencia a cualquier for­ma de compromiso profesional consagrado por la tradición y, por ende, conformista.

El tiempo pasaba. En Henri Cartier-Bresson pronto se produjo una cristalización que comenzó a transformarle en aquel hombre ardiente, impulsivo, enérgico y genial que, gracias a la fotografía, estaba destinado a ser uno de los más grandes fotografos de todos los tiempos. Habiendo sido prisionero de guerra en Alemania, participó en el movimiento clandestino de ayuda a los prisioneros y evadi­dos de los campos de concentración y en 1944 se unió al grupo de profesionales que fotografiaron la liberación de París. Más tarde viajó a Estados Unidos para supervisar la preparación de una exposición que había sido organizada como homenaje "póstu­mo" por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que lo creía desaparecido en ac­ción de guerra. Esta exposición estaba complementada con una monografía que pue­de considerarse la primera publicación de cierta entidad dedicada al análisis de su obra.

 En aquella época Henri Cartier-Bresson descubrió por fin su vocación. Quisiera rese­ñar que en este caso el término "vocación" tiene un sentido, una dignidad y un peso específico mucho más significativo que los genéricos "carrera" o "empleo". Cartier Bresson es un verdadero fotógrafo: un fotógrafo anómalo, absolutamente distinto de los demás, por cuanto cada una de sus manifestaciones artísticas resulta por completo original. Cuando en 1952 la editorial Verve publicó su primer gran álbum de fotogra­fías, con una portada realizada por Matisse, él escogió como definición de las imáge­nes y del texto de la obra un título intencionadamente modesto: Images a la sauvette (imágenes tomadas subrepticiamente, a hurtadillas). En realidad, por lo que yo sé, Cartier-Bresson no ha huido nunca de ningún lugar, excepto naturalmente de los campos de concentración. Es un hombre que afronta la realidad en toda su plenitud, sin tratar jamás de eludirla: asimila, como por azar, ciertos matices que al ser plasma­dos por su objetivo, adquieren una vigorosa fuerza testimonial.

Como los héroes de los más bellos poemas de Apollinaire, Cartier-Bresson es un ins­pirado paseante, rápido en sus movimientos como el Guillaume de los versos, siem­pre en busca de una serie de imágenes reveladoras que puedan modificar la aparente banalidad de nuestro mundo para descubrir la más íntima y secreta realidad. Para ello hace uso de una considerable ironía tocada de un cierto matiz de crueldad, requisitos ambos imprescindibles para plasmar una representación intensa y plena de este uni­verso y de los personajes que en él se mueven y, en ocasiones, bullen.

Sobre esta primera fase de la obra de Cartier-Bresson se han escrito numerosos ensa­yos y tratados; por tanto me limitaré a subrayar que este artista no es, en absoluto, un esteta. Nunca se ha dedicado a la búsqueda de la imagen hermosa en sí misma. La belleza de la imagen es, para él, la revelación de un indefinible misterio, la intensa sugerencia de una visión fantástica de la realidad en la que lo trágico y lo cómico se confunden constantemente de la misma forma que, en literatura, sucede en las mejo­res narraciones de Hoffmann, Balzac, Kafka o Blanchot.

En estas imágenes los rostros, auténticamente sorprendentes, encuentran en cierto modo su propia "justificación" en los objetos y los mórbidos ambientes que los ro­dean, tal y como sucede con las ventanillas en las que las prostitutas mexicanas mues­tran sus enormes senos y sus caras monstruosamente maquilladas. A partir de esta concepción de la imagen Henri Cartier-Bresson comenzó a realizar sus primeros re­tratos en los que fotografiaba el rostro y el cuerpo de personas que le interesaban por razones completamente ajenas a la específica y simple apreciación plástica.

La importancia de este libro radica en que logra poner de relieve una vez más el he­cho de que Cartier-Bresson, tanto en el retrato como en cualquier otro género, es un fotógrafo absolutamente distinto de los demás; la belleza de los rostros captados por su cámara es casi siempre dramática sin mostrar, por ejemplo, la elegancia de líneas característica de las damas, los artistas y los poetas reproducidos por el objetivo de Man Ray, por quien personalmente siento una profunda admiración.

Todos los famosos personajes que fueron "capturados" por aquel pequeño aparato, del que Cartier-Bresson no se separaba jamás por aquel entonces, parecen encantados por un toque de varita mágica. Magnificados y exaltados por la cámara, parecen con­gelados como por un disparo durante un espacio de tiempo increíblemente largo, si no por toda la eternidad. Aunque es innegable la gratitud que sus modelos sienten hacia Cartier-Bresson por haberlos inmortalizado, los personajes del fotógrafo son también, en cierto modo, sus víctimas. Como en la obra de los grandes literatos a los que antes aludía, en el ojo y en el objetivo de Henri existe un indudable sadismo. Un sadismo análogo al de la pluma de su viejo amigo Mandiargues ...

En sus retratos se palpa un cierto espíritu metafísico: todos sus personajes conocidos, parecen captados en un particular momento, revelador de su propio destino, que los mantiene suspendidos entre la angustia y la resignación. El que más profundamente me conmueve de todos ellos, tal vez mi preferido, es el retrato de los esposos Juliot­Curie, en el que ambos aparecen con las manos entrelazadas, los rostros relajados y los ojos unidos, como por un hilo invisible, al objetivo del fotógrafo, en espera de un inexpresable, aunque ya presagiado futuro. Ni en los mejores cuadros de los maestros antiguos en los que aparece representado el Ángel de la Anunciación se aprecia una expresión de tan profunda y perturbadora inquietud.

La actitud de François Mauriac, que también posa con las manos casi entrelazadas, pa­rece más serena debido tal vez al respaldo del sólido sillón en el que descansa, aun­que sus labios tensos y su mirada absorta y perdida revelan que el Ángel se ha posado también sobre él. Matisse intenta protegerse detrás de sus palomas y Pierre Bonnard, en su estudio, parece aceptar con humildad su magnífico destino. Pierre Colle, en su lecho de enfermo, esconde el rostro bajo la sábana frente a tres zapatos que se desli­zan amenazantes por el pavimento: dos pertenecen al posible moribundo, el tercero al ángel unípodo...

André Breton sonríe solitario y enigmático mientras juega con sus estatuillas africanas y polinesias: parece inalterado, intacto frente al objetivo revelador, tal y como corres­ponde a un personaje de su excepcional talento.

Los retratos de Cartier-Bresson merecerían un análisis profundo y específico: son he­chos extraordinarios tanto desde el punto de vista de su sentido intrínseco como des­de el del significado específico, implicado por el soporte de la fotografía en blanco y negro. Un volumen dedicado a estos retratos es, sin duda, un excepcional aconteci­miento. Observad los rostros de aquellos sobre los que tanto habéis oído hablar, pe­netrad en el fascinante mundo de la celebridad y del oscuro anonimato, tan efímeros ambos como la gloria y la condena. Es un consejo que me agradeceréis.

Etiquetas: fotografos, maestros
Compártelo:
meneame digg delicious technorati google bookmarks yahoo blinklist twitter Facebook
vota:
(1 votos: promedio 10 sobre 10)
ir arriba


Novedades
Fotografia de ceramica de Buño, botijos esmaltados
Ceramica de Buño, Galicia, botijos de barro
Fotos para web de Delicatessen, Cerámicas
Libro SEO | Cómo mejorar el posicionamiento en buscadores
Criterios de selección de un CMS
Lo + visto
Fotografo para interiores en A Coruña
Arquitectura simétrica
fotografía de bodas
Pasarela Cibeles 4
La Alhambra, ventana
Nube de etiquetas
raw Monasterios Madrid pintores Interiores arquitectura Turismo barcas A Coruña fotografo
Fotografo profesional


Relojes de pulsera


v01.92:0.76
GestionMax
Wing Tsun   Novedades fotos   calendario   RSS información actualizada en tu web   Buscador Avanzado   política privacidad   aviso legal   ayuda   tags, etiquetas   mapa web   

correofotonf_es.jpg

Estudio Fotográfico NF - Estudio de Fotografía NF
Argentina - Belice - Bolivia - Brasil - Chile - Colombia - Costa Rica - Cuba - El Salvador - Ecuador - España - Guatemala - Guinea Ecuatorial - Honduras - Mexico - Nicaragua - Panama - Paraguay - Peru - Puerto Rico - Republica Dominicana - Sahara Occidental - Uruguay - Venezuela