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Fotógrafo Edouard Boubat: EL REPORTERO DE LA PAZ Si no estoy equivocado, fue hacia 19')0 cuando el Circolo f'ofografico Milanese, dirigido a la sazón por el doctor Arrigo Orsi, en torno al cual pululaban personajes tales como Donzelli, De Biasi, Davide Clari y otros, organizó la primera exposición de fotógrafos franceses en Italia. La exposición ponía fin al aislamiento que caracterizó al período 1935-1950 y entre los expositores se encontraba Rouhat. Quizá se deba a este dato histórico el hecho de que Edouard Boubat, cuyo nombre empezó a popularizarse tras el enorme vacío que las vicisitudes políticas habían creado en torno a la fotografía europea, se convertiría más tarde en uno de los profesionales franceses mejor conocidos en Italia. La influencia que aquellas imágenes ejercieron sobre la fotografía italiana, y en especial sobre la realizada por aficionados (terreno en el que surgirían luego tantos fotógrafos, ha sido al menos tan poderosa como la que generalmente se otorga a Henri Cartier-Bresson. Este fenómeno puede explicarse de diversas formas. Ante todo, por la naturaleza misma de las fotografías de Bouhat, plenas de lirismo, serenas, directas, alejadas al máximo de todas las tragedias que han sido el pan, la sal y la vida cotidiana durante muchísimos aíl0s y de las que todos deseábamos escapar. Sin embargo, la predilección de Bouhat por los temas dulces y los personajes felices nunca ha sido e! reflejo de una voluntad de fugarse, de escaparse de la dureza de la vida sino, más bien y ante todo, el producto de una espontánea obediencia a su naturaleza humana, a su profunda vocación. Y Jacques Prévert ha hecho de él la más bella definición: "Es un corresponsal de la paz". Los temas de Bouhat permanecen en los rincones más luminosos de nuestra memoria: flores, multitud de flores, solas y en ramos, entre los cabellos de las muchachas y en las cestas de las floristas; y muchas otras cosas buenas y aromáticas: pan, fruta, hierba, tierra. Y mujeres, muchísimas mujeres, sobre todo jóvenes, que se hallan en esa zona indefinida de su existencia en la que apenas acaban de dejar atrás su infancia; y sus miradas, todavía no de mujer, parecen buscar algo, no se sabe qué. Con su inquietud de artista fotógrafo Boubat se muestra capaz de captar esta mirada vaga y, al mismo tiempo y a su través, consigue que la captemos también nosotros. Otro de los temas capitales en las fotografías de Bouhat son los senos, en especial los .senos que alimentan, que dan vida. Quizá sea Bouhat el fotógrafo que ha reunido el mayor número de escenas maternales en la historia de la fotografía, un tema tan revelador, tan intensamente sentido y tan inconscientemente percibido que bien puede I definirse como primordial. Aunque todo esto conforma la base de sus fotografías, también es el origen de un malentendido. Son muchos, en efecto, los que sólo consiguen una lectura superficial, antes y ahora, y creen que su propia superficialidad es la del fotógrafo. Como las imágenes que nos ofrece Boubat se nos muestran transparentes, legibles y acabadas, han sido tomadas en ocasiones por melindrosas; como son serenas y líricas, han sido calificadas de evasivas. Con frecuencia, las imágenes de Boubat hacen brotar en quien las contempla una emoción difícil de expresar. Y muchos, por la inexpresabilidad misma de las emociones, han preferido guardar silencio durante mucho tiempo. En un mundo en el que, en apariencia, sólo las escenas violentas tenían derecho a ser representadas y sólo .se consideraba auténtico el lenguaje violento, Boubat sufrió una especie de eclipse que, por fortuna, sólo podía ser pasajero. Su vuelta, hoy, es en muchos sentidos el fruto de la conciencia culpable de los innumerables profesionales que le han copiado y de tantísimas otras personas que, finalmente, se han dado cuenta de que le habían juzgado con ligereza.
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