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Fotógrafo David Bailey

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Fotógrafo David Bailey:

El historiador Reyner Banham definió el nacimiento del pop art en Gran Bretaña como "la revancha de los alumnos de la escuela primaria". David Bailey realizó su primera portada para Vogue en 1961, en los mismos momentos en que los pintores pertenecientes al movimiento pop cosechaban sus primeros éxitos en los medios de comunicación de Londres y Nueva York.

Del mismo modo en que las pretensiones anticlasistas y antipaternalistas de los artistas pop hacían saltar en pedazos el carácter elitista del arte inglés, la nueva orientación que tomó la fotografía de moda a partir de la obra de Bailey contribuyó a erradicar la idea de la moda como pasatiempo de ricos, decadente e inasequible por su carácter elitista. Ello fue esencialmente posible debido al especial trato que da a sus modelos, que se distinguen en ciertos aspectos de la tradicional imagen de la maniquí. Bailey incorporó el sexo a la fotografía de moda y siempre se propuso que sus mujeres resultasen deseables.

 En un principio su técnica no contenía elementos especialmente innovadores si bien, ya desde sus inicios, experimentó con varios formatos 'y diferentes métodos de iluminación, manteniendo aún hoy la fascinación por las posibilidades creativas que ofrecen las diferentes distancias focales de los objetos y los diversos formatos de película. Tal vez se trate de una forma de poder al mismo tiempo que de una debilidad, aunque ciertamente es el resultado de una inquietud permanente y de un vínculo extraordinariamente vital con la fotografía. En Bailey siempre han sido, y siguen siendo, constantes las contradicciones y las sorpresas. Cuando viajó por primera vez a Nueva York, en enero de 1962, aceptó, por ejemplo, el consejo que le diera el director artístico de la edición americana de Vogue, Alexander Liberman Jack Nicholson, la sustitución de una cámara de pequeño formato por otra de 5 x 4, provocó en su modelo una actitud distinta, una pose más seria y formalista.
En 1961, Bailey fotografió por vez primera a lean Shrimton. Su carácter, su personalidad y su manera de trocar la sensualidad en inocencia convertían a esta modelo en el vehículo ideal para las ideas que Bailey quería expresar en sus obras. En tres años, durante los cuales fueron casi inseparables, se convirtieron en los favoritos no ya sólo del mundo de la moda, sino de los medios de comunicación en general. El prestigio adquirido en un primer momento por Bailey como fotógrafo de moda y, en menor medida, como retratista le reportó una combinación de ventajas y desventajas. Aún en la actualidad existe, en especial fuera de Gran Bretaña, cierta tendencia a considerar a Bailey un fotógrafo sólo relacionado con el mundo de la moda, cosa que le molesta mucho y justificadamente, sobre todo si se tiene en cuenta que nunca se ha encasillado en ninguna categoría expresiva determinada. Aunque la moda y los retratos han supuesto para él un medio de' vida, sus libros -nueve desde 1965- son el fruto de un trabajo realizado dentro de las líneas argumentales más variadas.
Su intención de dedicarse profesional mente a la fotografía se remonta a la adolescencia, época en la que demostraba un inusitado interés por la observación de las aves (esta afición, en cierto modo sorprendente, la mantiene aún hoy, como lo demuestra la gran colección de papagayos exóticos que posee en su casa de Londres). David Bailey, hijo de un sastre, nació el día 2 de enero de 1938, en el East End londinense. Sus orígenes son humildes aunque no míseros. La segunda Guerra Mundial significó para él la interrupción de la asistencia al colegio y, por consiguiente, la pérdida del interés por el estudio durante toda su adolescencia. Es probable que sus primeras tentativas de fotografiar los pájaros de su jardín con la cámara de su padre resultaran fallidas, motivo por el cual renunció a adentrarse en el conocimiento técnico de la fotografía. Abandonó el colegio a los quince años y desempeñó trabajos ocasionales en tiendas y almacenes del East End. La pasión de Bailey en aquellos años era el cine, al que asistía con regularidad tres veces a la semana. El descubrimiento de las películas americanas y de los ambientes de Hollywood, que contrastaban con lo insulso de su entorno, aumentó su insatisfacción. Decidió que, de una u otra forma, estaba abocado a llevar una existencia lujosa y elegante, aunque en aquel momento no tenía la menor idea de lo que le depararía el futuro. Un sistema tradicional de alejarse de los ambientes del East End era, por aquella época, convertirse en músico de jazz: " ... y de esta forma compré una trompeta y comencé a rogar a Chet Baker que me enseñara a tocar1a ... " A pesar de las lecciones del experto jazz-man, Bailey en su fuero interno sabía que no lo conseguiría.
En Agosto de 1956 fue llamado a filas e ingresó en la Royal Air Force, en la que permanecería durante dos años. Sirvió en Singapur y Malasia, regiones en las que el ambiente radicalmente distinto al de Inglaterra, de la que Bailey nunca había sabido hasta entonces, le estimuló a recuperar su anterior interés por la fotografía. En Singapur las cámaras eran baratas, por lo que Bailey adquirió pronto su primer equipo fotográfico: una Rollop, copia de la Rolleiflex 6 x 6, que en principio tan sólo usó para reproducir paisajes y escenas entre sus amigos. En aquellos años se convirtió en un fanático lector de revistas americanas y en especial de publicaciones tales como Life: quedó especialmente impresionado por una fotografía de Henri Cartier-Bresson, del año 1948, en la que aparecían cuatro mujeres físicamente ataviadas en la cima de una colina en Srinagar, en Cachemira. Le parecía increíble que se tratara de una fotografía, dudaba de que pudiera obtenerse una calidad de imagen tal con una cámara fotográfica. Súbitamente tomó conciencia de la posibilidad de obtener buenos resultados del aprendizaje de la técnica fotográfica.
A su regreso a Londres, en el verano de 1958, Bailey estaba ya decidido por completo a dedicarse a la fotografía. Sabía que le quedaba mucho por aprender e intentó matricularse, sin conseguir1o por no haber concluido sus estudios primarios, en los cursos del London College of Printing. Después de varios meses sin trabajo y numerosos intentos de ingresar como ayudante en los más renombrados estudios fotográficos de Londres, obtuvo el puesto de auxiliar del fotógrafo publicitario David Olins. Se trataba tal vez de un signo del destino, aunque sus actividades más habituales eran barrer el estudio, preparar el té y limpiar la cámara del jefe. Más tarde, en junio de 1959, entró como segundo ayudante al servicio de John French, uno de los más cotizados fotógrafos de moda en aquellos años. French, fallecido en 1967, gozó en los años cincuenta de un sólido prestigio debido a la creación de innovaciones técnicas en el campo de la fotografía de moda destinada a los diarios. Destacaba además por su amabilidad y su interés por los jóvenes principiantes: de esta forma, Bailey, a quien había tomado afecto, se introdujo en el mundo de la moda. Después de once meses, que revistieron gran importancia para el fotógrafo, Bailey abandonó el estudio de French, si bien éste ya le había cedido con anterioridad algunos encargos personales y reportajes de moda para Daily Express y Daily Mail, junto con algunas colaboraciones para revistas tales como Vanity Fair y Flair.
Bailey ha declarado que con French aprendió más sobre el trato con los clientes que sobre la fotografía en sí misma. En mayo de 1960, ya como autónomo, trabajó durante tres meses para el Studio Five, con un salario semanal fijo independiente del número de reportajes realizados.
La fotografía de moda había experimentado pocos cambios desde la guerra y la nueva orientación que Bailey proponía le colocó de inmediato en primer plano. En 1960 John Parsons, director artístico de Vogue, le ofreció un contrato y, desde entonces, se sucedieron sus éxitos: en 1961 comenzó a realizar portadas y números especiales de  y, al año siguiente, inició sus colaboraciones en las ediciones americana, francesa e italiana de la misma revista. Se encontró pues inevitablemente introducido en el mundo de la fotografía de moda, no contra su voluntad y sólo en cierta medida por azar.
Poco después del inicio de su vinculación a Vogue, Bailey comenzó a realizar retratos para la revista. En este punto de su carrera su obra tenía poco que ver con lo que actualmente llama su trabajo "personal", consistente en imágenes tomadas por impulsos exclusivamente emocionales. Aunque las fotografías de este tipo eran ciertamente escasas en aquellos años, Bailey ha descubierto, en una reciente búsqueda en sus archivos para una inminente exposición retrospectiva, una serie de fotografías realizadas a principios de 1962, que reproducen el paisaje urbano del East End de Londres y que pueden considerarse integradas dentro de este mismo esquema. La ausencia de figuras humanas en la mayor parte de las fotos de esta serie y el oscuro y triste ambiente de las tomas, son caracteres totalmente insólitos en su trabajo de aquellos años, premonitorio del estilo de las imágenes que, con el título de NW1, publicaría veinte años más tarde.
En el curso de 1962, Bailey desarrolló gradualmente un estilo personal en fotografía de moda -en especial las de estudio- basado en la simplificación, en la elegancia de la iluminación y en ciertas poses que recuerdan la obra de los influyentes americanos Richard Avedon e Irving Penn. Durante un breve período, entre 1961 y 1962, se había dado una nueva orientación a la fotografía de moda, consistente en la ambientación en exteriores como reflejo de la reacción de Bailey al empezar a utilizar los 35 mm. Realizó varias tomas que explotaban con inteligencia la versatilidad del pequeño formato: trabajó en la calle rodeado de situaciones cotidianas e introdujo el estilo de los reportajes en la foto de moda, dando testimonio así del frenético ritmo de la vida moderna. El más conocido portafolio de este tipo lo realizó en Nueva York, en enero de 1962, y se publicó ~n las ediciones americana e inglesa de Vogue. William KIein fue tal vez el único fotógrafo que buscó en su trabajo la orientación hacia el reportaje, si bien no obtuvo los éxitos de Bailey y abandonó pronto la idea.
A principios de los años sesenta, Penn y Avedon, eran los modelos más imitados e influyentes entre la mayoría de los fotógrafos de moda. Sus estudiadísimos e incisivos estilos tenían esa especial fuerza gráfica que producía el máximo impacto en la página de una revista. Las fotos de Bailey responden a la misma inspiración, aunque nunca ha sido un imitador y, de hecho, no comparte la tendencia a plantear la fotografía- de moda como una naturaleza muerta o como una composición de formas y estructura abstractas. Ha tratado siempre a su modelo como una figura ante el objetivo y, sobre todo, como una mujer. Por ello sus fotografías conservan esa calidad humana que solía faltar en las de sus mentores americanos. La calidez visible en las obras de Bailey, unida a su creciente profesionalidad y a un mayor control de los elementos formales de la imagen, son características de un conjunto de trabajos llevados a cabo entre 1962 y 1964, que pueden sin duda clasificarse entre los mejores realizados en el campo de la fotografía de moda.
Desde su segundo encuentro en 1961, Y hasta 1964, Bailey y Jean Shrimpton vivieron y muchas veces trabajaron juntos. A finales de 1963 Bailey obtuvo el divorcio de s primera mujer y, cuando todos esperaban su matrimonio con la modelo, el sonad idilio llegó a su fin. Creo que fue en ese momento cuando Bailey perdió el interés por la moda, que no redescubriría hasta 1970.
Su creciente interés por el retrato, tal vez causa de su ruptura con Jean Shrimpton, le convirtió en el más conocido fotógrafo del "swinging London". Muchos de los más populares personajes del ambiente londinense figuraban entre sus amigos: estrellas del pop tales como los Rolling Stones y los Beatles y creadores de moda como Mary Quant.
Al término de 1964, Bailey decidió recopilar imágenes de estos amigos y conocidos en una publicación titulada David Bailey's Box 01 Pin-Ups. Aparecida en 1965, consistía en una serie de 37 fotos de gran formato contenidas en una caja que ofrecía al comprador la posibilidad de descartar las copias que no le interesaran. El único denominador común en la colección era el éxito, en sus respectivos campos, de los personajes reproducidos. Sin embargo, el hecho de que los hermanos Kray, conocidos gangsters, apareciesen junto a un miembro de la familia real, Lord Snowdon, suscitó críticas. Podría suponerse, en cierto modo, que Bailey intentara en esta selección de personajes hacer la glosa de la supuesta sociedad interclasista de su tiempo. Existe cierta uniformidad en el enfoque de estas fotos en las que todos los modelos aparecen reproducidos sobre un neutro fondo blanco de estudio. El Box 01 Pin-Ups atrajo la atención de la crítica hacia Bailey como retratista y, si bien se le reprochó cierta limitación en las poses de los sujetos, comenzó a ser conceptuado como algo más que un fotógrafo de moda. Su prestigio, desde este punto de vista, se consolidó con la que puede considerarse su despedida a los años sesenta publicada con el título de Goodbye Baby and Amen.
En Goodbye Baby, colección de retratos más extensa que Pin-Ups, se hacía gala también de una mayor variedad de recursos técnicos. En ella se encontraban primeros planos, en algunos casos poco complacientes, y elegantes, difuminadas y románticas tomas de estrellas cinematográficas como Raquel Welch, que contrastaban, a su vez, con el efecto casi pictórico de las imágenes de Julie Christie y Diana Vreeland tomadas con un filtro de neblina. Sin embargo, al igual que en Pin-Ups, los hombres eran mayoría: aunque Bailey ha trabajado pocas veces en la moda masculina, es notable su preferencia por fotografiar hombres.
La actriz francesa Catherine Deneuve apareció en Goodbye Amen, si bien en el momento en el que el libro fue publicado ella y Bailey estaban a punto de divorciarse. Habían contraído matrimonio en Londres en el verano de 1965, en medio de un gran revuelo de los medios de comunicación. Mick Jagger fue testigo y su indumentaria informal provocó considerable escándalo, cosa que en la actualidad resultaría improbable. Las distintas actividades de los esposos no les permitían convivir por lo que, aun manteniendo su amistad, tuvieron que separarse en 1967.
Aquel año Bailey conoció a Penelope Tree, joven modelo americana hija de un banquero millonario, que fue su compañera y modelo hasta 1973. Si Jean Schrimpton había sido un símbolo en la primera mitad de los sesenta, Penelope Tree encarnaba, según Bailey, el prototipo de mujer característico de la segunda parte de la década. La moda cambiaba bajo la influencia del movimiento hippie: las faldas volvían a alargarse, los tejidos se hacían más suaves y románticos y comenzó a estar de moda el llamado "ethnic look". El extraordinario porte de Penelope Tree la hacía parecer como de otro planeta, el lugar perfecto de origen en aquellos años. Las fotos que Bailey realizó con ella muestran pocas huellas e influencias de sus anteriores creaciones.
Con la modelo americana, Bailey entró a formar parte de la llamada cultura de la droga, en la que, a pesar de sus largos cabellos y su desenfrenada reivindicación de libertad de opciones vitales, nunca se sintió cómodo.
La cultura hippie estaba lejos de parecerse a la imagen que de Londres dio Michelangelo Antonioni en 1967 con Blow Up. Se ha dicho que el retrato del fotógrafo Thomas en la película estaba basado en la forma de vida de David Bailey. Se trataba de una afirmación en parte cierta. Francis Wyndham, íntimo amigo de Bailey, había recibido de Antonioni el encargo de elaborar la documentación preliminar con vistas a la preparación de la película, que recogió en un informe de doscientas páginas. En 1964 Wyndham había publicado un artículo en el Sunday Times, basado en entrevistas a Bailey y a sus colegas Terence Donovan y Brian Duffy, del que extrajo abundante material para Antonioni. Aun así y aunque el filme contenga datos y detalles sobre el mundo de la fotografía de moda, no se le debe tomar como una reconstrucción de los métodos de trabajo de Bailey, aunque en aquella época resultara inevitable tal interpretación. Como consecuencia, Bailey fue clasificado en algunos ambientes como inconsecuente y superficial, según la imagen que se daba del protagonista del filme. El propio Bailey se dedicó a la dirección cinematográfica desde 1966. Había dirigido con anterioridad algunos spots publicitarios y su antigua pasión por el cine le aseguraba la posibilidad de realizar tarde o temprano un largometraje. Su primer intento dio como fruto un mediometraje de treinta minutos titulado GG Passion. Roman Polanski colaboró en la financiación del filme, cuya trama narraba la peripecia de una estrella del pop (interpretada por el fotógrafo Eric Swayne) perseguida hasta la muerte por sus propios fans, una especie de San Sebastián de nuestros días. La película, realizada en blanco y negro y en color, tuvo una difusión limitada dentro de la llamada serie B y su éxito fue más bien escaso. Si bien resultaba prometedora desde el punto de vista visual, su principal fallo radicaba en que el argumento no justificaba la media hora de duración.
Hasta 1970 no realizó Bailey su segundo trabajo cinematográfico: se trataba de un documental para televisión sobre Cecil Beaton, que fue emitido por vez primera en 1971. A lo largo de su carrera se dedicó en numerosas ocasiones a la elaboración de proyectos cinematográficos que, por una u otra razón, no llegaron a cuajar. Realizó también dos documentales de una hora para televisión sobre Luchino Visconti y sobre Andy Warhol. El espacio sobre Warhol provocó el escándalo entre ciertas personas, erigidas en guardianes de la moral británica, que intentaron evitar su emisión por considerar algunas escenas indecorosas. La publicidad que siguió al episodio le aseguró una gran audiencia, aunque al emitirse el programa la reacción general fue de perplejidad ante el inexpresivo rostro del protagonista y ante el planteamiento distanciado en sordina del director. La película, aunque conseguía ofrecer en realidad una imagen exacta y objetiva de Warhol, fue el último trabajo' de cierta trascendencia que el fotógrafo realizó para televisión. Hacer películas ha sido siempre para Bailey una estimulante alternativa ante su ocasional insatisfacción con la fotografía, aunque en la actualidad, al haber recuperado su interés por la actividad fotográfica, resulta improbable que, con excepción de spots publicitarios, le queden intenciones de embarcarse en cualquier otro proyecto cinematográfico.

 

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