La fotografía digital ha traido consigo muchos cambios en los flujos de trabajo respecto a la fotografía tradicional (Química).
Algunos de estos cambios nos ofrecen ventajas evidentes y otros la pérdida de cierto encanto que tenía la fotografía tradicional.
Pero el balance es tan positivo, que vamos a comentar uno de los más singulares, como es, el ajuste de la temperatura de color en la cámara.
Antiguamente, con la fotografía tradicional, había que elegir bien el tipo de película según el trabajo que se fuera a realizar, los dos elementos básicos que se elegían eran la sensibilidad y la temperatura de color.
Ahora, con la foto digital podemos obviar esto, ya que ambos parámetros se fijan en la propia cámara (no hay película sino un sensor electrónico) y podemos modificarlo de fotograma en fotograma, según sea nuestra conveniencia, mientras que antes, con el uso de película, lo que se hacía era normalmente rebobinar el carrete aunque estuviera a medio terminar, y cambiarlo por el que tenía las características correctas.
La elección de parámetros o combinación de estos que podemos realizar en la mayoría de las cámaras, sean profesionales o del tipo amateur, son casi infinitas, pero la experiencia al final nos dice que algunos se esos cientos de ajustes suelen ser bastante innecesarios, por ejemplo el ajuste de temperatura de color de la luz, sobre todo para aquellos que trabajan en RAW y editan sus fotos con programas de edición como Photoshop u otros programas con un mínimo de versatilidad y calidad, ya que todos esos programas de edición permiten reajustar la temperatura de color.
Algo que casi todos los profesionales saben, es que se puede trabajar la cámara con una temperatura de color neutra y luego ajustar en la edición, o que se puede incluso dejar que trabaje el dispositivo de medición de temperatura de la cámara de forma automática, y luego hacer ajustes finos en la edición.
Para quienes tienen alma de perfeccionistas o para los casos en los que es imprescindible una precisión absoluta en la fidelidad de los colores que se obtengan al final, por ejemplo en las fotos de obras de arte o de moda o productos textiles para catálogos, donde la fidelidad de colores de las fotos es uno de los condicionantes principales, puede resultar aconsejable utilizar una plantilla patrón de grises neutros, (ver foto de abajo), que luego se utilizará para tomar esa referencia de grises neutros y equilibrar así la temperatura de color en la edición.
Por tanto, ya saben, no se compliquen la vida, al trabajar con fotografía digital y en particular si se utilizan archivos RAW en la cámara, la temperatura de color puede ser ajustada en la edición posterior y evitarnos así la complicación de tener que cambiar ese ajuste en la cámara cada vez que cambiamos de tipo de iluminación.