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La fotografía comparte dos mundos: por uno el de la tecnología y por otro el del arte. Sin embargo, las artes plásticas no aceptaron esto de manera inicial y vieron a la fotografía hasta la década de los 70 del siglo XIX con distancia. De la misma manera, el fotoperiodismo se divide entre la función de la información por un lado y la tendencia al arte. Lógicamente en la información lo más importante es aquello que es anunciado como generador de noticia, sin embargo, el profesional es aquel que sabe tener en cuenta las dimensiones estéticas en combinación con la información. Por lo general, los grandes fotoperiodistas son aquellos que dejaron obras en las que ambas dimensiones se entrelazan perfectamente.
En gran medida porque sus fotos son lo suficientemente claras para ser apreciadas o porque sus nombres aparecen siempre con sus obras, los fotógrafos de las revistas alcanzan el estatus de celebridad. Life llegó a ser, por ejemplo, un modelo en el cual la crítica fotográfica se hace un juicio acerca del fotoperiodismo y muchos periodistas actuales se han hecho un nombre. En una selección de las mejores fotografías de Life realizada en 1973 se presentaron 39 fotógrafos famosos, pero las puntuaciones revelaron, en dicha selección, que los mejores fotografías fueron de anónimos de UPI y AP.
Debido a la edad dorada de la fotografía, las limitaciones de la impresión y los sistemas organizativos de las agencias de noticias como UPI y AP, numerosos y excelentes fotógrafos trabajan en un relativo anonimato. Sin embargo, el desarrollo de la fotografía digital y de Internet abriría nuevos espacios para conocer a muchos fotoperiodistas anónimos cuyos trabajos superan, en numerosas ocasiones, a los de los profesionales mimados de la crítica internacional. En la actualidad, periodistas como Luc Delahay y Chien-Chi Chang, ponen sus obras con frecuencia en los salones de arte.
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